Vida consagrada
Los años vividos de este siglo veintiuno no son pocos, no lo estamos empezando y, sin embargo, tiene todo un sabor muy provisional. Se debe, en buena medida, a que todavía estamos viviendo un contexto de pandemia para el que ni nosotros ni nuestras instituciones se habían preparado. Pero se debe también a una 《resaca» ciertamente angustiosa: se han estrenado muchos intentos que han contribuido, todavía más, a desgastar las disminuidas fuerzas de las instituciones de vida consagrada. Procesos de reorganización abiertos y con difícil resolución o conclusión; estudios y gestión de obras en las cuales resuena nuestro nombre institucional pero no es tan claro que resuene el carismático; compromisos de misión compartida que 《duermen》en los estantes con otros acuerdos y decisiones. La situación, vista desde «esta orilla»,es compleja...
Sin embargo la visión y la fecundidad de la vida consagrada están en la otra orilla. En una decidida y feliz separación de procesos de desgaste para empaparnos de la emoción que nos permita leer la realidad desde la misión de Jesús. Ahí está la clave, en que no desfallezca la búsqueda o el recuerdo de la otra orilla. En que no hagamos todo plano o práctico o medido, porque perderemos el brillo del misterio de una vocación necesaria para vincular los carismas al servicio del Reino. Desde la otra orilla, podemos llegar a intuir y entender que lo nuestro es acercar la Iglesia al mundo; el mundo a la Iglesia; las personas a Dios y Dios al corazón de las personas. Desde esa orilla privilegiada a la que insistentemente nos invita a cruzar el Maestro se ve la vida y se valora como lo que es, el centro; se olvidan los acentos y costumbres porque nos separan y enrarecen; se celebra el encuentro porque aprendemos a valorar lo gratuito; se pierde miedo al empequeñecimiento, la minoridad y el signo, porque -desde esa orilla- cambia el valor de las cosas y los tiempos. Recuperamos el instante, el sentimiento,el envejecimiento y la Palabra como dones que acrecientan la fe y no la enrarecen.